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La reconstrucción de la sede de la Junta de Vecinos nº 63, Las Cañas

En el gran incendio que sufrió Valparaíso el 12 de abril de 2014, junto con la dolorosa pérdida de viviendas la comunidad vio desaparecer el largo esfuerzo que hasta entonces había significado tener espacios de reunión para la gestión barrial.


Para el caso de la Junta de Vecinos nº 63 del cerro Las Cañas, ubicada en calle Los Obreros, el golpe fue dobe: en ese entonces estaban por inaugurar la pequeña sede ubicada en un terreno municipal. Tras una larga gestión, habían logrado los fondos para construir un espacio comunitario en su barrio.


Aquella sede era pequeña, de difícil acceso, pero al fin y al cabo era el espacio con que contaba la comunidad para reunirse, discutir y comenzar una organización de ideas para concursar a proyectos y realizar sus actividades comunitarias.


La construcción, de unos 25 m2, contaba con lo mínimo para recibir un número limitado de vecinos. Días antes del incendio Plan Cerro tuvo la oportunidad de visitarla y ver como con orgullo las dirigentes mostraban su espacio y su pequeño equipamiento, consistentes en unas mesas, un hervidor y un televisor.


El incendio borró en pocos minutos el sueño de la sede 63. De ahí en adelante comenzó un largo proceso para su reconstrucción, en el que pudimos articular actores, gestionar fondos y recorrer un largo camino de tramitaciones para finalmente concretar recién este año 2019, la nueva y flamante sede que los vecinos tanto anhelaban.

El derrotero de 5 años para levantar esta obra, se explica por las complejidades propias de Valparaíso. Cuando la ciudad revela todas sus contradicciones, sus caprichos, su maraña burocrática asociada a su geografía imposible. La historia de esta sede desafió toda nuestra capacidad de grupo mediador para poder conciliar los legítimos intereses - muchas veces contrapuestos - de vecinos y vecinas, de dirigentes y actores e instituciones públicas que en ciertos momentos parecen tener más razones que sentido común, más argumentos que provocan distancia que aquellos que unen, convocan y resuelven.


La primera iniciativa de reconstrucción surgió gracias a los fondos entregados por GNL Quintero y otros privados a poco de ocurrida la tragedia. La situación en que había quedado la destruida sede que no alcanzó a ser inaugurada, generó la necesidad de conformar unos talleres de discusión con los vecinos de la Unidad Vecinal 63, para consensuar si la idea era volver a construir en el terreno municipal existente - ocupando la estructura de hormigón de su base - o plantear otra alternativa, considerando lo acotado de los recursos.

De este modo, un debate en los talleres realizados por Plan Cerro dio curso a posiciones distintas, en que tras varias sesiones se logró la decisión de reconstruir en el terreno municipal. Frente a esta decisión, Plan Cerro se puso a trabajar en los diseños y especialidades que permitieran llegar a un proyecto factible y que cumpliera con la normativa vigente, lo que tuvo como resultado una arquitectura cuyo objetivo era permitir un acceso universal en base a una solución estructural de gran altura, la que con el tiempo se pudiera ir complementando gradualmente de manera de ampliar los espacios de uso comunitario.

De acuerdo al diseño entregado por Plan Cerro Joaquín Velasco, la primera versión de la sede 63 cumplía con la normativa estructural, las condiciones de habitabilidad y accesibilidad que los vecinos habían expresado, todo basado en un concepto de arquitectura incremental, para que pudiese ampliarse hacia los niveles inferiores en el futuro.


Sin embargo esto no fue suficiente, dado que en paralelo comenzó a generarse la idea entre varios vecinos de la comunidad, de que era mejor destinar los recursos para la compra de un terreno propio y no de construir en el terreno municipal. Aunque a la postre solo se contara con un terreno, esto tendría un valor mayor que una pequeña sede objeto de un usufructo. Esto complejizó todo el proceso, ya que dada la decisión anterior se habían iniciado algunas obras previas de limpieza del terreno y diagnóstico estructural de la estructura de hormigón existente, de sus fundaciones, pilares y vigas, lo que comprometió parte de los recursos.

Pero lo más complejo, fue comenzar a mediar / facilitar el intenso debate, dado que esto comenzó a dividir a la comunidad, entre quienes opinaban que se debía seguir con la idea original y quienes afirmaban que el tener un terreno propio era una oportunidad histórica. El problema era que el terreno había que encontrarlo, pagarlo y luego ver de donde sacar otros recursos para construir una sede. Otros opinaban que así como se tenía que levantar el barrio completo tras el devastador incendio, así se levantaría una nueva sede mucho mejor, en un terreno que sería para siempre. Luego se vería de donde obtener los fondos para construir, lo importante es que ya se contaba con fondos para comprar un terreno. El dilema entre una visión pragmática de reconstruir en el terreno existente, frente a una idea conjetural que apelaba a enfrentar el caso con un ímpetu distinto, que dejaba el problema resuelto solo a medias, hacía que el equipo de Plan Cerro tomara una postura, frente a la incertidumbre que podría generarse con la indefinición respecto del objetivo principal.


Finalmente la gestión de los vecinos que querían un terreno propio logró dar con lo más importante, encontrar un terreno disponible y de este modo dar cuenta de que ya se podía soñar con algo más concreto. Las faenas en el terreno municipal habían sido suspendidas y entonces las reuniones para dirimir qué hacer se sucedieron, hasta que finalmente la comunidad decidió que lo mejor seria comprar el terreno y desestimar lo realizado, para comenzar a pensar en una sede diferente, de mayor tamaño y completamente nueva. El nuevo terreno era plano y daba directo a la call Los Obreros, por lo que Plan Cerro se puso a disposición de la comunidad para gestionar la compra del terreno y finalmente volver a realizar los diseños participativos de la futura sede.


Una vez que el terreno fuera inscrito a nombre de la J.V. 63, realizado el diseño, consensuado el programa y elaborado los proyectos de especialidades, se procedió a hacer un ingreso de todo el expediente para obtener el permiso de obra en la Municipalidad. Luego de esto, la tramitación de los fondos para la construcción de la sede quedó en manos de la Secretaría Municipal de Planificación, que a su vez postuló el proyecto a Fondos Regionales del Ministerio de Desarrollo Social.


Luego de este largo camino, surgieron varios reparos al diseño, dado que lo proyectado no era admisible por el Ministerio de Desarrollo Social (como por ejemplo, la inexistencia de un plan de accesibilidad universal, el que fuera obligatorio por una Ley que surgiría entre la fecha del permiso otorgado por el municipio y la tramitación en el Gobierno Regional), por lo que hubo que realizar una nueva tramitación en la dirección de obras para modificar el proyecto incorporando nuevas medidas de diseño, que a la postre lo fueron mejorando, pero dificultando las relaciones de una comunidad que ya no creía que sería posible lograrlo.


Así, otros detalles se fueron acumulando e hicieron todo el proceso más complejo. Uno de ellos es el que tiene que ver con los servicios básicos, que a su vez estaban en plena reconstrucción ya que la calle Los Obreros (una de las calles "complicadas" de los cerros porteños), comenzaría a ser reconstruida y por tanto durante un tiempo no se sabría de matrices y empalmes hasta que la nueva vialidad fuera entregada.


Toda esta suma de problemas hizo cada vez más engorrosa la tramitación para la ejecución de la anhelada sede. Por supuesto que el paso del tiempo y la falta de resultados deteriora las confianzas y las relaciones entre los dirigentes y vecinos. Sin embargo, hay que decir que la perseverancia de la dirigencia fue clave, junto con la capacidad del equipo de Plan Cerro de atender, entre todos, las diferentes exigencias de distinto orden que se iban suscitando, lo que sin duda permitió que los servicios públicos de alguna manera fueran también facilitando las cosas.


La Dirección de Obras entregó finalamente en el mes de octubre el Certificado de Recepción de la nueva sede 63. Con los fondos destinados para construir la sede que no fue, pero que quedaron como saldo disponible luego de que se utilizara una parte para la compra del terreno, las dirigentes están terminando de equiparla, instalando muebles de cocina, comprando mesas y sillas, etc.


Prontamente dirigentas, vecinos y autoridades podrán inaugurar este nuevo espacio tan trascendente para el barrio. Momento en el que estaremos gustosos compartiendo la celebración. Esperamos sea una gran jornada de unión para el barrio y reflexión sobre lo que nos convoca a seguir perseverando en la sostenibilidad de nuestra ciudad.


La Unidad Vecinal 63 contará con una sede propia. Y Plan Cerro pudo gracias a esta experiencia, conocer un poco más la realidad de los cerros, el proceso de reconstrucción tras el incendio y sobre todo, generar relaciones de colaboración que sin duda perdurarán en el tiempo.


Agradecimientos:

Lucía Hidalgo, Presidenta JJVV

Julia Ponce, Tesorera JJVV

Margarita Ordenes, secretaria JJVV

María Saavedra, vecina

Elena Hormazábal, vecina

Xochitl Poblete, sicóloga

Bettina Schlomka, urbanista

Paulina Hurtado, abogada

'Joaquín Velasco, arquitecto

Manuela Tromben, arquitecta

Francisco Silva Ite. ingeniero calculista

Alexandra Garín, gestora urbana

Gonzalo Undurraga, arquitecto

Alcaldia Municipalidad de Valparaíso

SEREMI Desarrollo Social Gobierno Regional Valparaíso

Agradecimientos especiales a los trabajadores y ejecutivos de GNL Quintero.



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